Monday, May 09, 2011

“El cargando su propia cruz, fue al sitio llamado Lugar de la Calavera (en hebreo, Gólgota)”.

Evangelio de Juan 19, 17

Nueva Traducción Viviente

El mundo cristiano vive, por estos días, lo que denomina “Semana Santa”. Esta debe llamarnos a una profunda meditación entorno a lo que fue el gran misterio de la intervención de Dios en favor del ser-humano, y con ello, el sacrificio de Jesucristo a favor de cada creyente.

En el texto precedente, Juan, al tiempo de haber estado ministrando en Asia Menor, decide escribir su evangelio a fin que la Iglesia y los creyentes, “sigan creyendo” (Juan 20, 31). El apóstol tiene la habilidad de ser muy detallista en la redacción, tan vívida, de la última semana de Jesús en la Tierra; que comúnmente, llamamos la semana de la pasión. Este nos invita a fijarnos en algunas palabras que son de suma importancia.

Difícilmente podremos comprendernos como creyentes en Cristo o discípulos de éste, sino volvemos la mirada hacia el lugar que nadie quiere mirar: El Gólgota. En tiempos donde la Iglesia anda en busca de más emociones y sensaciones, donde anda buscando más milagros y dones; Juan nos da una bofetada para que miremos el verdadero significado de la salvación. Sólo con siete milagros, hechos por Jesús y el más importante de todos: su resurrección, nos muestra que la fe está basada en el testimonio de quienes estuvieron con Él. Simplemente, nuestra fe está basada, según Juan en dos grandes testigos: el primero es el Espíritu santo (cap.16) y, segundo, en el testimonio del que escribe (Juan 21, 24).

El texto propuesto para la reflexión, nos habla que es el propio Jesús quien carga “su propia cruz”. El canto de Filipenses nos describe la interpretación que la iglesia primitiva tenía del significado del misterio de fe. La cruz de Jesucristo es sólo la de Él. Ninguno de nosotros podría llevarla. Tal es su sacrificio que, en la relectura cristiana del texto de Isaías, la iglesia vio al siervo sufriente. Dios nos amó de tal manera, nos plantea Juan, y ¡cómo no! Si es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios quien sufrió por nosotros. Pero este “nosotros” no tiene valor alguno, sino es, para cada creyente, su propio Salvador.

Jesús llevo “su propia cruz” y quien se diga su seguidor debe vivir la vida de una manera real desde la fe de los evangelios. El cristianismo, en especial el occidental, donde todos somos responsables, se ha ido deteriorando con la laxitud en su manera de ver y vivir la fe en el mundo. Es tiempo de “cargar nuestra cruz” como dicen los evangelistas. ¡Sólo los creyentes pueden llevar su propia cruz! Y ésta, no es la de Jesús. El llevó la cruz del dolor, del castigo por el pecado. Nosotros, cada uno en particular, debemos llevar “nuestra cruz” que es la cruz del seguimiento.

El seguir a Jesús es mirarlo desde el Gólgota para comprendernos a la luz del misterio de la salvación. Pero es también volver la mirada hacia el “Cristo resucitado”, como dirá el apóstol Pablo. El uno no es sin el otro. No hay resurrección sino hay muerte. No hay discipulado ni seguimiento, sino hay muerte de nuestro ego.

Les invitó en estos días a renovar la fe, no desde la perspectiva de los sentimientos, visiones, profecías o milagros. Sino desde la óptica del Gólgota. Es allí dónde se manifiesta el amor verdadero de Dios hacia cada uno de nosotros. Es allí donde el seguimiento renueva sus fuerzas. Es allí donde la fe tiene su valor.

Dios nos ha regalado este tiempo de reflexión para volver a encontrarnos con Él en la intimidad de un tiempo de descanso. Si experimentamos, a través del retiro personal, del trabajo en la Iglesia o en los mismos cultos la renovación de la vida de fe podremos, cada día, disfrutar de lo que el Señor nos regala a diario: Su amor y Su salvación.

Les invito, a todos, hermanos, a re-vivir el significado de estos días. No son días de descanso, de playa. Son días de reflexión. De tú reflexión con tu Señor. Permita Dios que en estos días nuestra fe salga fortalecida para quienes estamos involucrados en su obra y tengamos en alto el llamamiento que Dios nos está regalando para servirle.

Dios les bendiga.

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